Sobre Sherlock. Al parecer Arthur Conan Doyle nunca menciona el característico gorro de cazador de su personaje Sherlock Holmes. Tampoco en su obra se menciona ese estilo particular y exagerado de pipa. La iconografía, y por lo tanto el personaje, de Sherlock Holmes se fue creando a partir de las ilustraciones, las historietas y el cine; su construcción se fue estableciendo con ayuda de las películas.
De todas maneras parece que cuando uno ve las nuevas versiones de Sherlock Holmes se pregunta: ¿Qué demonios tiene esto que ver con Arthur Conan Doyle? ¿Cómo pueden tener algo de similitud estas escenas a 1000 km/h con la literatura del siglo XIX? Y además exclamamos: ¡Se desvirtúa el personaje! ¡Las cosas que hace el progreso! ¡En mis tiempos Sherlock no se qué…!
Pero si pensamos que lo que conocemos de Sherlock Holmes también fueron desvirtuaciones del original y no nos importó mucho, tendríamos que analizar por qué estos nuevos cambios son realmente imperdonables. A menos que no nos guste directamente la película, eso sería otra historia.
Sobre Guy. Aunque pueda resultar incómoda la ultravelocidad de la narración de la película, causando muchas veces que no entendamos nada de lo que pasó, una característica del cine de Guy Ritchie es funcional a Sherlock Holmes. Aquel montaje acelerado que describía con planos de muy corta duración una acción que en realidad sería muy larga, como aquella secuencia de Dennis Farina viajando de un continente a otro en 5 imágenes de medio segundo cada una en Snatch; ese modo de contar, sirve aquí para describir la habilidad de Sherlock Holmes. Él construye, como en un montaje acelerado y de atracciones, en pocos segundos, una conclusión, un pronunciamiento sobre el caso. Y puede ser que no entendamos un poco cómo lo hizo. Como Watson, que tampoco entendió cómo hizo Holmes para deducir que él había estado en Afganistán hacía poco en Estudio en Escarlata. Así John Watson se interesó por aquel misterio, el misterio y la atracción del saber.
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